Fue un sábado 1 de junio de 2024 cuando el Real Madrid conquistó su decimoquinta Copa de Europa frente al Borussia Dortmund, en un escenario donde el fútbol se vive como una religión: Wembley. Dani Carvajal y Vinícius Jr. marcaron los goles que consolidaron al club blanco como una institución casi inalcanzable en títulos de Champions League. Aquella plantilla dirigida por Carlo Ancelotti, que aún contaba con nombres como Luka Modrić y Toni Kroos, era, sin discusión, el mejor equipo de Europa y quizá del mundo entero.

Tres semanas antes de aquella final en Reino Unido, en la Ciudad de la Luz, París, un anuncio que llegó más tarde de lo esperado sacudía las redes sociales:
«Hola a todos, soy Kylian. Quiero hablar con vosotros. Siempre he dicho que me dirigiría hacia vosotros cuando llegase el momento, y quiero anunciaros que este será mi último año en el Paris Saint-Germain. No renovaré».
Era un mensaje esperado, aunque no tan impactante como muchos imaginaron. Un rechazo previo al Madrid, años de rumores sobre su fichaje y la evidente necesidad de Mbappé de abandonar el PSG para conquistar los grandes torneos internacionales habían preparado al mundo para recibir la noticia. Más que sorpresa, se sintió como un inevitable «¡por fin!». Sin embargo, nadie imaginaba que dos años después seguiríamos sin presenciar aquello que parecía el inicio de una nueva era dorada del fútbol, fuéramos o no aficionados del Madrid o admiradores del francés.
La llegada del joven que ganó su primer Mundial con apenas 19 años —convirtiéndose en el segundo jugador más joven en marcar en una final de la Copa del Mundo— y que hizo temblar a Argentina con un hat-trick en la final de Qatar 2022, provocó furor en su presentación en el Santiago Bernabéu el 16 de julio de 2024. La afición cayó rendida cuando escuchó sus primeras palabras: «¡Hala Madrid!». Era el primer renglón de una historia que prometía endulzar el paladar del madridismo y del fútbol en general.

Nadie habría predicho que el debut oficial de la nueva joya madridista sería en una final: la Supercopa de Europa frente al Atalanta. Un partido que disparó las expectativas hasta la estratósfera, luego de que Mbappé marcara su primer gol como merengue tras una asistencia de Jude Bellingham y levantara su primer título internacional con el club. Uno de uno. Un estreno soñado.
Todo parecía marchar viento en popa. La directiva soñaba con construir los «Galácticos 3.0», y no era para menos. Habían fichado a Mbappé, quien terminaría como máximo goleador en la temporada 2024-25, liderando la tabla anotadora del equipo en su primer año. Además, otra joya apareció en el horizonte: Endrick. La promesa brasileña se incorporó al cumplir los 18 años dejando destellos de potencia y talento, aunque con un papel más secundario de lo esperado, sin terminar de consolidarse como una opción real en la rotación ofensiva.
Con estas incorporaciones, sumadas a la presencia de Vinícius, Bellingham, Valverde, Carvajal, Courtois, Modrić y compañía, el Real Madrid parecía destinado a dominar España, Europa y el mundo durante varios años.
Pero aquel entusiasmo duró poco. Una despedida que conmovió al fútbol fue la de Toni Kroos, uno de los mejores centrocampistas de la historia. El alemán dejó un vacío enorme en la sala de máquinas madridista, desde donde nacía buena parte de la magia ofensiva del equipo. También Nacho Fernández, líder defensivo y pieza clave en la Champions 2023-24, partió rumbo a Arabia Saudita. Y Joselu, el único delantero centro natural de la plantilla, también tomó otro camino.
Aun así, todo parecía bajo control. Sobre el papel había nombres suficientes para cubrir esas bajas: Alaba y Militão debían sostener la defensa; Endrick aportaría frescura; Mbappé y Vinícius representarían una amenaza constante en ataque. Pero entonces apareció una pregunta evidente: ¿cómo convivirían dos de los mejores extremos izquierdos del mundo dentro del mismo sistema? Una duda que muchos dejaron pasar… quizá también la directiva.

Los efectos de tantos cambios comenzaron a notarse, aunque de manera silenciosa.
Con una plantilla repleta de estrellas, el Madrid arrancó LaLiga ante el Mallorca. El empate 1-1 parecería, con el tiempo, un adelanto de toda la temporada: talento evidente, pero sensaciones incompletas.
Las victorias no terminaban de convencer, los partidos ante rivales fuertes exponían carencias estructurales y las derrotas en encuentros clave aumentaban la sensación de que algo no funcionaba.
Una buena vara de medición fueron los Clásicos de liga ante el Barcelona, ambos perdidos con resultados preocupantes. Al final, el Real Madrid terminó segundo en LaLiga con 84 puntos, producto de 26 victorias, 6 empates y 6 derrotas. El equipo marcó 78 goles y recibió 38.
Fue la temporada de debut del francés, quien sí cumplió a nivel individual al consolidarse como máximo artillero del club. Sin embargo, el rendimiento colectivo no alcanzó para revalidar el título liguero, que terminó en manos del Barcelona, sepultando así el ambicioso proyecto de los «Galácticos 3.0» antes de que pudiera echar a andar de verdad.
En Europa, pese a contar con una plantilla llena de estrellas, el conjunto merengue tampoco pudo defender su corona. Cayó en cuartos de final de la Champions League ante el Arsenal con un contundente marcador global de 5-1 favorable a los ingleses.
El golpe final de aquella campaña llegó en la Copa del Rey. También se escapó ante el Barcelona el 26 de abril de 2025, en un partido caótico y cambiante, reflejo perfecto de toda la temporada madridista: una señal definitiva de que aquello que prometía grandeza empezaba, lentamente, a derrumbarse.
Pero los números, por malos que fueran, no contaban toda la historia. Lo más grave estaba ocurriendo puertas adentro.
Tras consumar el coloquialmente llamado «nadaplete», Carlo Ancelotti anunció su salida del club en junio de 2025. Así cerró su segunda etapa con dos Champions League (la 14 y la 15), una transición generacional exitosa con nombres como Bellingham, Valverde y Vinícius Jr., el cierre de ciclos históricos como los de Modrić y Kroos, y la integración de Mbappé, que al menos funcionó para convertirlo en goleador desde su primer año.
Ante esta despedida, el cuadro capitalino puso la mira en una figura que brillaba como entrenador en Baviera: Xabi Alonso.
Y cómo no hacerlo. Xabi había transformado al Bayer Leverkusen en un equipo capaz de romper la hegemonía del gigante de Múnich. Su nombre representaba modernidad, identidad y esperanza.

Su paso por Madrid, sin embargo, fue sorprendente… aunque cuesta definir si para bien o para mal. En 36 partidos al frente del equipo ganó 24, empató 4 y perdió 8. El problema no fueron tanto las derrotas, sino cuáles fueron esas derrotas. Una de ellas dejó al descubierto una desconexión evidente entre plantilla y entrenador: la final de la Supercopa de España.
La final disputada en enero de 2026, que ganó el FC Barcelona por 2-1 al Real Madrid, mostró algo de lo que ya se hablaba en los medios deportivos: la falta de sintonía entre los jugadores merengues y Xabi Alonso. Hubo una escena especialmente reveladora. Tras el silbatazo final, el técnico pidió a sus jugadores realizar el tradicional pasillo de honor al campeón. Mbappé, visiblemente molesto, se negó y llamó a varios compañeros a marcharse directo al vestuario, ignorando las indicaciones de su entrenador. Xabi, al ver que no podía contener la situación, terminó siguiéndolos.

Días después de aquella derrota, la directiva del Real Madrid anunció la salida de Xabi Alonso tras apenas siete meses en el cargo. En su lugar llegó Álvaro Arbeloa.
El debut de Arbeloa como director técnico del mejor club del mundo comenzó con una eliminación en octavos de final de la Copa del Rey ante el Albacete, equipo de la Segunda División española. Y aunque el Madrid llegó condicionado por problemas físicos y ausencias importantes —Kylian Mbappé, Rodrygo, Ferland Mendy, Antonio Rüdiger, Trent Alexander-Arnold y Éder Militão—, el golpe confirmó que la crisis seguía lejos de terminar.
Actualmente, en el ocaso de la temporada y con el cierre de la mayoría de los torneos nacionales e internacionales, el Real Madrid no ha podido recuperar el poderío que lo caracterizaba, firmando por segundo año consecutivo un «nadaplete». Volvió a terminar segundo en LaLiga, cediendo el título al Barcelona tras caer 2-0 en el duelo decisivo frente al conjunto catalán. También quedó eliminado en cuartos de final de la Champions League ante el Bayern Múnich, con un marcador global de 6-4.
Este final de temporada trajo además una despedida que cerró simbólicamente toda una era: Dani Carvajal anunció su retirada del club, poniendo punto final a uno de los ciclos más gloriosos de la historia reciente del madridismo. David Alaba también dejó la disciplina merengue.
En definitiva, una cadena de acontecimientos desafortunados ha sumido al club merengue en un bache más profundo y prolongado de lo que cualquiera habría imaginado aquella noche gloriosa en Wembley.
Deportivamente, el Real Madrid no ha vivido sus mejores temporadas. El equipo no ha mostrado el poderío al que acostumbró durante años. Pero el verdadero problema terminó explotando fuera del campo: en el vestuario.
El vestuario madridista ha protagonizado una de las mayores fragmentaciones mediáticas de los últimos tiempos. La sustitución de Vinícius Júnior durante un partido en la etapa de Xabi Alonso detonó el primer gran conflicto. El brasileño explotó frente a las cámaras, reclamándole a su entrenador mientras abandonaba el campo visiblemente molesto. Aquella escena marcó el inicio de una fractura dentro del grupo.
Con el paso de las semanas, el ambiente se volvió cada vez más pesado. Vinícius frenó su renovación y varios futbolistas comenzaron a mostrar su inconformidad. Uno de ellos fue Federico Valverde, quien se molestó por ser utilizado como lateral derecho y protagonizó momentos de tensión con el cuerpo técnico.
La situación terminó desgastando a Xabi Alonso, quien perdió el respaldo de parte del plantel y acabó dejando el proyecto. Entonces llegó Álvaro Arbeloa con la misión de recuperar la estabilidad, pero los problemas continuaron.
Jude Bellingham también quedó en el centro de la polémica. Entre lesiones, críticas por su vida fuera de las canchas y un rendimiento irregular, el inglés respondió a los señalamientos con una celebración desafiante en Champions League, simulando beber tras anotar un gol.
Otros jugadores como Fran García, Arda Güler y Dani Ceballos también tuvieron diferencias con el cuerpo técnico debido a la falta de minutos y a decisiones deportivas que generaron molestia dentro del grupo.
Uno de los casos que más impactó al madridismo fue el de Dani Carvajal. El capitán del equipo pasó gran parte de la temporada relegado y visiblemente afectado, terminando incluso entre lágrimas por la situación que atravesaba dentro del club.
Mientras tanto, Kylian Mbappé tampoco logró escapar de las críticas. Aunque sus goles ayudaron al equipo en varios partidos, su compromiso fue constantemente cuestionado por la afición. Sus lesiones y los viajes que realizó durante su recuperación junto a Ester Expósito provocaron aún más molestia entre los seguidores merengues. Además, algunas de sus publicaciones en redes sociales fueron interpretadas como burlas hacia sus compañeros por el rendimiento de la escuadra.
Las tensiones crecieron tras un fuerte incidente dentro del vestuario, esta vez entre Antonio Rüdiger y Álvaro Carreras, luego de que presuntamente el defensor alemán golpeara al lateral español durante una discusión.
Pero el momento más grave llegó tras revelarse una pelea física dentro del vestuario entre Federico Valverde y Aurélien Tchouaméni.
De acuerdo con reportes de medios deportivos españoles y del periodista Eduardo Aguirre, todo ocurrió después del entrenamiento del 7 de mayo. La discusión entre ambos futbolistas escaló rápidamente hasta llegar a los empujones y los golpes.
Según la información, en medio del altercado Valverde cayó al suelo y sufrió una fuerte lesión en la cabeza, provocando una abertura entre la frente y el cuero cabelludo. Los jugadores y miembros del cuerpo técnico observaron al mediocampista uruguayo sangrando y aparentemente semiinconsciente, por lo que tuvo que ser trasladado de emergencia a un hospital tras presentar un traumatismo craneoencefálico.
Las tensiones entre ambos futbolistas ya venían arrastrándose desde entrenamientos anteriores, pero el conflicto terminó explotando frente a todos dentro de las instalaciones del club.
Tras lo ocurrido, el Real Madrid emitió un comunicado informando que iniciará una investigación interna para determinar responsabilidades y aplicar sanciones disciplinarias contra ambos jugadores.

Mientras el vestuario del Real Madrid se desmoronaba entre discusiones, lesiones y conflictos internos, la crisis terminó alcanzando también a la directiva. En medio de la presión por los malos resultados y las constantes polémicas, Florentino Pérez apareció públicamente en una conferencia de prensa de emergencia que sacudió al madridismo.
Durante horas crecieron rumores sobre una posible renuncia del presidente merengue, pero Florentino dejó claro que no abandonará el cargo. En cambio, anunció elecciones presidenciales dentro del club y denunció una presunta campaña mediática contra el Real Madrid.
El dirigente aseguró que existe una «orquestación» de periodistas y medios de comunicación para desprestigiar al club blanco, lanzando fuertes críticas especialmente contra el diario ABC. Incluso reveló que cancelaría su suscripción al periódico por considerar que los ataques también eran personales.
«Dicen que el Real Madrid es un caos y una ruina, pero seguimos siendo el club más prestigioso del mundo», declaró Florentino, visiblemente molesto.
Sin embargo, varias de sus declaraciones generaron todavía más polémica. El presidente fue señalado por comentarios considerados machistas tras referirse a una periodista diciendo que «ni sabía de fútbol», además de viralizarse otra frase durante la conferencia: «Esa niña también tiene derecho a hablar».
Florentino también aseguró que existen rumores falsos sobre su estado de salud y negó padecer una enfermedad terminal, luego de que distintos reportes apuntaran a un supuesto cáncer.
Pero el momento más explosivo llegó cuando volvió a hablar sobre el Caso Negreira. El presidente madridista aseguró que al club «le han robado siete ligas» y afirmó que enviarán un expediente a la UEFA para exigir justicia.
«A mí me tendrán que sacar a tiros», lanzó Florentino —en referencia a su permanencia en el cargo— en una frase que rápidamente recorrió las redes sociales y los medios deportivos de toda Europa.
Así, la crisis del Real Madrid dejó de ser únicamente deportiva. Las peleas dentro del vestuario, las críticas contra los jugadores, la presión sobre los entrenadores y las explosivas declaraciones de Florentino Pérez terminaron por convertir la temporada del club blanco en una auténtica tormenta institucional.
Entre peleas, discusiones, lesiones y un vestuario completamente dividido, el Real Madrid vive una de las etapas más turbulentas de su historia reciente. Y la directiva lo sabe.
Por eso busca el regreso de José Mourinho al banquillo merengue. Aunque todavía no existe un anuncio oficial, el club tendría que pagar cerca de siete millones de euros al Benfica para concretar la salida anticipada del técnico, quien aún tiene contrato vigente hasta la temporada 2026-27.
El posible regreso de Mourinho marcaría su segunda etapa al frente del conjunto madridista, después de dirigir al equipo entre 2010 y 2013, periodo en el que conquistó una Liga española, una Copa del Rey y una Supercopa de España.
¿Pero esto será suficiente para que el cuadro más galardonado del mundo pueda regresar a lo más alto? La respuesta llegará después del Mundial, cuyo arranque traerá consigo nuevas transferencias, nuevas jerarquías y, quizás, la oportunidad de resetear todo. Aquella noche de gloria en Wembley parece hoy muy lejana. Lo que viene es, todavía, una página en blanco.
